
Ayer leí en una de las listas de correo en que estoy suscrito el comentario de un usuario que insistía en que los estadounidenses estaban medio invadiendo Haití a raíz del terrible terremoto de la semana pasada.
Los USA van a poner sobre el terreno a casi 12.000 soldados para distribuir la ayuda y garantizar la seguridad a las organizaciones internacionales que, ahora, se sienten impotentes para poder hacerlo. El escribiente en cuestión criticaba esta participación masiva de los USA en Haití alegando que la iban a convertir en un nuevo Puerto Rico, es decir en un nuevo Estado Asociado de la Unión. Y añadía que “no nos acordamos de la pobre gente hasta que se puede sacar algo de ellos”. Como en la lista de correo en cuestión no está permitido hablar de política, y así se lo ha hecho saber el moderador a este “comentarista” incidental, le contesto en este breve despacho y me hago las siguientes reflexiones:
¿Tiene realmente los haitianos algo que se les pueda sacar? No digo ya ahora, después del terrible seísmo que les ha aniquilado el país, sino de antes cuando eran un país “prospero de gobernantes incorruptos“. Imagino que el contertulio de la lista de correo citada, lo debe tener claro: yo no. Y lo siguiente que me pregunto es; ¿sabe esta gente que critica la ayuda del ejército USA en Haití, que los puertorriqueños tienen una calidad de vida que ya la quisieran para sí, no ya los Haitianos, sino los cubanos, venezolanos, nicaragüenses, bolivianos y hasta incluso, ¿por qué no me vengo para aquí? los propios y maltratados habitantes de esta dolorida España nuestra?.El sentimiento anti norteamericano está tan arraigado en nuestra memoria histórica que es capaz de engendrar opiniones tan incoherentes como la descrita más arriba. Mírese sino el tonto del bolo de Hugo Chávez, otro con memoria histórica difusa, que aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid para continuar con su aburrida monserga anti yanki.
Es gracias al gobierno norteamericano, y a su ejército, por lo que los haitianos van a empezar a recibir la ayuda que necesitan a manos llenas. La corrección política, la estupidez de la ONU, las declaraciones de buenas voluntades de nuestros políticos (los europeos), no van a eliminar la inseguridad de las calles de Puerto Príncipe. Los americanos, los norteamericanos, quiero decir, SÍ. ¿Apostamos?
Tengo que corregirme a mí mismo. Estaba equivocado 

Espero que
Estoy feliz. Hace ya muchos años que quienes me conocen saben que siempre he dicho que pagaría porque la TV pública no contuviese publicidad, como hacen otros canales públicos de la civilizada Europa. Y ahora, no sé aún lo que nos puede costar, y me da igual, por fin tenemos una televisión pública sin publicidad. Sólo una duda me corroe; ¿significará esto que la audiencia de TVE subirá, o bajará? No lo tengo claro. Las audiencias, como se demuestra científicamente por la alta audiencia que tienen la mayoría de programas vomitivos, tipo Gran Hermano o esos vertederos de mierda inmunda y olor a sudor rancio disfrazado de colorines que son los programas “del corazón”, es gilipollas por naturaleza. Imagino que la audiencia de la nueva TVE sin publicidad dependerá de la calidad de sus contenidos: a menos calidad, más audiencia, a más calidad, menos audiencia. Y dentro de esta falta de calidad estaba englobada esta sobredosis de minutos de publicidad que antes TVE y ahora únicamente las privadas, vertían sobre los espectadores saltándose todas las normas de cualquier comisión, por muy oficial que ésta sea.
Feliz 2010. Se abre la veda.
No sé qué asesores tendrá nuestro amado presidente del gobierno, pero después de seis años de estar dándonos la matraca no me la cabe la menor duda de que son tontos del ojo moreno, en la línea de su jefe. Ahora resulta que la tierra, esa en la que habitamos todos, no es nuestra, ni de los animales, ni de las plantas ni del agua, ni del fuego, ni de nadie, sino que es del viento: Zapatero dixit en la cumbre del clima celebrada en Copenhagen. Menos mal que en Europa, en el mundo, ya están acostumbrados a reirse de las ocurrencias del ínclito copiador del pacto entre civilizaciones inventado por los iraníes. Y así, los españoles, aún teniendo que aguantar la verguenza ajena de verle sonreir estupidamente por medio mundo, tenemos la esperanza de que ya queda menos para que sus palabras, y a él se los lleve ese mismo viento helado poseedor único de esta tierra sacada de su tonta y ventosa mente.